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Este blog esta dedicado a esos exploradores incansables que hacen de su deporte preferido una religión.

En su mayoría son escritos en primera persona contando su experiencia y sensaciones en la exploración de esta torca y principalmente las cavidades relacionadas con el Sistema Alto del Tejuelo.

Espero que disfrutéis de estas lecturas.

martes, 8 de noviembre de 2016

Exploraciones Sistema Alto del Tejuelo, octubre 2 de 2.

"Engatusar"

Por suerte o por desgracia, en esta vida siempre ocurren cosas no previstas que terminan impresas en los recuerdos convirtiéndose en un hecho elocuente en tu existencia.

En esta ocasión pasaré a relatar lo acontecido el día 22 de octubre del año 2016.

Fui a conocer una parte del Sistema Alto del Tejuelo que aún no había visitado y por la que sentía una especial ilusión por todo lo comentado de esta cavidad.

Últimamente cada vez que voy a hacer puntas de exploración en grandes cavidades madrugo mucho para poder sacar el máximo rendimiento al día. De este modo ahorro el transporte de material para vivaquear varias jornadas. Por el contrario, la paliza con la que termino suele ser mayor, lógicamente. La compensación a tan gran esfuerzo es la ducha y la cama. En un principio pretendíamos dormir en la cueva pero, por circunstancias de trabajo, al final, Antonio y yo decidimos madrugar.

Suena el despertador, 6:20. Tiene huev... que nuestro hobby nos haga madrugar.

Son las 6:30 y ya tenemos todo preparado: es que no hacemos nada de pereza cuando salimos a explorar. Treinta y tres años juntos nos avalan.

Ya de camino por las primeras cabañas, surge de la oscuridad un ser blanco que con delicadeza se acerca a mí y me "engatusa". "Malditos roedores", diría Jordi, "Malditos felinos", diría yo. Si es que son muy listos. Su estridente ronroneo me envuelve. Trato de hacer caso omiso continuando con nuestro andar cansino mientras él se desliza suavemente por nuestras piernas. Pienso: "Ya se cansará y cuando nos alejemos de su entorno dejará de seguirnos". Sí, sí, de su entorno. Nos acompañó hasta la entrada de la Torca. Antonio entró el primero y detrás nuestro felino. Como no ve claro lo que estamos haciendo se detuvo y comenzó a observarme. Cuando desaparecí de su visión comenzó a maullar de una forma lastimera que debido al eco que proporcionaban las paredes de la cueva penetraba en nuestros oídos haciéndonos sentir culpables por no hacerle partícipe de nuestra excursión. "Menos mal que no viene Mercedes porque sino seguro que se queda con él en el exterior", pensó Antonio.

Iniciamos el descenso. Al principio fui grabando a Antonio para intentar mostrar el gran abismo, pero tales dimensiones eran imposibles de plasmar adecuadamente; decidí por tanto continuar sin filmar para saborear plenamente la jornada. La instalación inicial constaba de tres pozos claramente diferenciados. En la actualidad sin embargo, se desciende por uno de 175 m con objeto de salvar cualquier tipo de problema que pudiera presentarse.

En la base, cuando pisamos tierra firme, Antonio expresó sus sentimientos acerca de la pequeñez del mismo en comparación con el pozo que había descendido la semana anterior. No obstante, esto formará parte de otra historia que se contará en su momento.

Nos dirigimos por una galería muy pequeña y "coqueta", con algunos desfondes y "gateos" hasta llegar al vivac "cinco estrellas". En este punto nos unimos con nuestros compañeros donde nos dieron cuenta de sus actividades los días pasados. Mientras finalizaban el desayuno, Antonio y yo dimos una vuelta por el vivac donde no paré de admirarme del trabajo realizado para hacer de este sitio un lugar que más de uno querría para su casa: dormitorio, comedor, servicio, agua corriente, luz con interruptor, etc, etc...



Aprovechado el impasse fuimos a hacer fotos de varias galerías caracterizadas por su amplitud.




De vuelta, Fernando nos comunica que tenía que salir, que había quedado, ¿como si estuviésemos en la calle!. Jordi también saldrá pero algo más tarde. También había quedado ¡Vaya dos pipiolos! ;-)

El resto dirigimos nuestros pasos a la zona prevista de trabajo. Por suerte, porque ésto casi nunca suele ocurrir, en la primeras incógnitas que exploramos comenzaron a desarrollarse una serie de galerías meandriformes de pequeño tamaño con corriente de aire muy neta a pesar de ser un día donde normalmente los sitios que deberían soplar no lo hacían.

Nos dividimos en dos grupos. Antonio, Jordi y yo fuimos progresando y topografiando hasta llegar a un pozo con posibilidades de realizar un pasamanos o llevar a cabo su descenso. Optamos por lo segundo pues disponíamos de poco material.

El pozo se terminaba en un meandro bastante estrecho pero, antes de llegar a su base, aprovechando al máximo la cuerda, se pudo acceder a otro pozo desde donde se visualizaron dos nuevas verticales que quedaron pendientes para la próxima incursión. De vuelta, lo típico, alguna foto y cómo no: ojeo minucioso de todo lo viable persistiendo siempre nuestro empeño en la búsqueda de los desconocido.


De regreso en la galería a la espera de la llegada del otro grupo, continuamos con las fotos y las exploraciones. Aquel emplazamiento me resultaba singular: aún podían encontrarse lugares inexplorados, a pesar de las incursiones realizadas a lo largo de tanto tiempo.





Ya era por la tarde y Jordi tenía que regresar. Entre despedida y despedida Dirk a lo lejos esboza algo relativo a una conexión. Y como si de un chip se tratara, ésto que lo tenemos grabado a sangre y fuego en nuestros genes espeleológicos, raudos decidimos ir en su búsqueda.

Seguimos los pasos de nuestros compañeros hasta que dimos con ellos enfrascados en topografías, pasamanos, búsqueda de posibles continuaciones. Habían seguido la corriente de aire hasta la base de un gran pozo. Efectivamente, tras un pequeño descenso podíamos optar por dos caminos: uno nos conducía al final de un meandro estrecho sin posibilidades y el otro nos llevaba por un angosto pasillo hasta la base de dicho pozo. Como todo en este sistema: ¡Impresionante!

De regreso, seguimos mirando por aquí y por allí con la sorpresa de salir nuevamente a la gran galería por otro lugar más cómodo y sencillo.


Para finalizar encontré otro paso que nos lleva nuevamente a otro meandro estrecho, incomodo, sin corriente de aire pero que continuaba y continuaba hasta que la tierra lo cubrió casi en su totalidad. En fin, esto fue el remate a una jornada intensa de exploración.

De regreso al vivac tomamos un tentempié en el comedor y nos despedimos de nuestros colegas belgas hasta la próxima.



Ya en la base del gran pozo de salida, pequeño para Antonio ;-), inicié el ascenso y a la tercera pedalada comenzó a fallarme uno de los componentes del equipo. Se trataba de un bloqueador de pecho que nos retiene en nuestra maniobra de ascenso facilitándonos la subida por la cuerda. Pensé que sería casualidad, quizá algún mal movimiento. Además era fácil de subsanar empujando con el dedo el gatillo, pero no era así. Fallaba una vez sí y otra también con el consiguiente cabreo y desgaste físico que esto me provocaba. Pues nada - pensé - son 175 m. (esto último tendría que ir entre comillas y con cara de sarcasmo). Al final salí lo más dignamente posible del agujero, pero ya en la calle, cuando me quedé frío, los dos brazos decidieron al unísono ponerse en "L" sin que yo les dijese nada. Tenía que bajarlos empujando uno con otro. Era increíble y desagradable al mismo tiempo.

Después de 16 horas llegamos a la cabaña, nos dimos una ducha, cenamos unos espaguetis que como siempre Antonio se los curró y que nos supieron, hummm, buenísimos y, a la cama.

Como última anécdota comentar que el señor felino esperó en la entrada de la cavidad hasta que salió Fernando y como un buen sabueso le siguió hasta las cabañas de donde había surgido de la oscuridad.

La siguiente, quién sabe. Lo que si es seguro es que generará nuevas anécdotas para ser contadas.

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