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Este blog esta dedicado a esos exploradores incansables que hacen de su deporte preferido una religión.

En su mayoría son escritos en primera persona contando su experiencia y sensaciones en la exploración de esta torca y principalmente las cavidades relacionadas con el Sistema Alto del Tejuelo.

Espero que disfrutéis de estas lecturas.

sábado, 23 de mayo de 2015

Campaña de Semana Santa 7 de 7

Damos por terminadas las actividades de Semana Santa con dos entradas a Hormigas.

Lagar nos cuenta:

Sábado 4.

Hoy entramos más bien tardíos; no andamos con muchas ganas de madrugar…

La intención es mirar un paso que Jordi encontró en el antiguo vivac de la TB-41 y forzar el “tapón de barro” del pocillo que se dejó pendiente en la última salida a Hormigas. Pero, cuánto compromiso; hoy tenemos horario, Dani y Sara pretenden llegar a la cena de final de campaña. 

Así que bajamos los pozos y, en la Sala Grande de Hormigas, tiramos hacia el pozo. Nos ponemos manos a la obra para abrirlo un poco más. La otra vez sólo pude entrar yo, y bastante ajustado, por cierto. Esta vez no hay “caramelitos”, como dicen los chavales, así que usamos el método picapiedra. Con mi maza y un cincel de 40 cm, quitamos la piedra que me apretaba el pecho; ahora, pasaremos como reyes…

Al llegar abajo, Dani y yo trepamos entre bloques para revisar las incógnitas de este lado; mientras, Judit y Sara, van abriendo el tapón de barro.

A pesar del aire que corre entre los bloques que trepamos, Dani y yo no encontramos nada significativo. Pero las chicas consiguen pasar por el agujerillo que han desobstruido; avanzan entre bloques hasta llegar a una zona más amplia, y allí vamos también nosotros, intrigados. Al pasar, encontramos un pocillo y una pequeña y estrecha diaclasa. Parece que la diaclasa pinta bien. Pero, cómo no, el paso de acceso es muy estrecho. Nuestra avanzada herramienta abre un poco el paso, pero no lo suficiente como para convencer a los demás; asi que me convierto en anguila y me escurro como puedo hacia la grieta.


Consigo pasar, pero ahí no acaba todo; en oposición, y bastante precario, con unos metros de caída bajo mis pies, hallo una travesía lateral para llegar hasta el punto más amplio, por donde logro llegar hasta el fondo de la diaclasa. Suena agua y veo lo que parece una pequeña sala. Intento pasar de una manera, de otra,… pero nada, no quepo, y me frustra. Me frustra cuando no consigo forzar un paso estrecho; es como un reto personal…Después de intentarlo por todos los medios, vuelvo a subir y, esta vez, arrastrando mi frustración conmigo.


Decidimos probar suerte con el otro pocillo y, mientras Judit y yo comemos algo, Sara se lanza al arrastradero mientras Dani la asegura como puede, con una cuerda, empotrado entre unos bloques.

Termino de comer y, como no me doy por vencido del todo, me voy a mirar otros bloques por donde también corre aire y… bingo: asomo la cabeza y encuentro una zona amplia pero, claro, cómo no, para llegar hasta ahí hay que quitar unas piedras que, con mi herramienta profesional, me lleva unas horas. Pero, por fin, parece que podré pasar convirtiéndome de nuevo en anguila. Me pongo a ello… un enganchón, un tirón, empuja un poco esa piedra y… por fin, paso la cabeza. Al salir de entre los bloques llego a un cortadito de unos 3 o 4 metros, y es aquí donde preparo mi número de contorsionismo para sacar los pies y sentarme en el cortado. Bajar de cabeza no sería agradable. Una vez que lo consigo, destrepo el resalte y me encuentro en un meandro seco, aunque por algún sitio suena agua. El meandro es de unos 2 metros de ancho y 10 metros de altura y, aunque se cierra, se ve una ventana a la que se puede trepar. Trepa que trepa se va poniendo precario el asunto. Llego a la ventana y parece que tiene continuación, pero ya he recorrido bastante yo solo y llega ese pensamiento de “¿y si pasa algo qué hago yo aquí solo?”. Los demás no cabían por el paso, así que la prudencia me invita a volver. A mi regreso Sara está volviendo del pozo y parece que no tiene muchas alternativas. De todas formas, sería bueno revisarlo.


Volvemos para arriba y, cuando parece que ya estaba todo hecho, mientras espero mi turno para subir el pozo, oigo una piedra bien gorda rebotar por las paredes, me encojo y… ¡¡zaska!!. Los trozos pequeños me rebotan en la cara y en el brazo. Por suerte sólo eran ya trozos pequeños. Pero bueno, como las piedras de esta cueva me tienen cariño, han venido directamente a mí. Aunque nada más que lamentar aparte de unas heridillas, ¡qué suerte!.

El incidente es compensado con unos pozos bonitos de salida, que nunca me canso de admirar. Además, esta vez, no llueve. No hay ducha en los pozos, ¡qué raro!.

Jordi Carretero nos cuenta.

Miércoles 8 

Benja, Cano y yo nos vamos a Hormigas. Voy a la sala grande a ver el paso de la galería nueva que podría continuar, nada, baja unos 15 ó 20 m muy estrechos y se hace impenetrable con corriente de aire. Antes de llegar siguiendo la grieta por la que llega la galería que falta topografiar se ve un volumen no muy grande al otro lado donde habría que desobstruir.

Y esto es todo sobre una intensa campaña de Semana Santa :-)

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