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Este blog esta dedicado a esos exploradores incansables que hacen de su deporte preferido una religión.

En su mayoría son escritos en primera persona contando su experiencia y sensaciones en la exploración de esta torca y principalmente las cavidades relacionadas con el Sistema Alto del Tejuelo.

Espero que disfrutéis de estas lecturas.

viernes, 22 de agosto de 2014

Último capítulo de la Torca del Río Perdido

Como lo prometido es deuda y yo siempre lo que prometo lo cumplo ;-) aquí os dejo el relato de la última entrada a esta mi muy querida torca por parte de uno de los últimos exploradores que horadaron este lugar.

Torca del Río Perdido, Guerrera hasta el final.


Por: Roberto Coves Agulló 30/07/2014


Tengo la suerte y el honor de haber explorado en el sistema Alto del Tejuelo… muchas galerías, pozos y salas exploradas, desde gatearas con el agua hasta el cuello, hasta lugares con volúmenes que te dejan sin aliento…muchos metros de gratificante y no tan agradecida topo. Sueños e ilusiones, de conexiones, de 100km, de crecer constantemente, que han latido al unísono en todos los miembros del colectivo del Tejuelo. El sistema Alto del Tejuelo es una cueva tan grande como especial… y entre las innumerables galerías, salas y pozos que definen su solemnidad hay uno un lugar en concreto al que le guardo especial respeto y cariño, ese lugar es La Torca del Río Perdido (CA32), puedo decir que todas y cada una mis idas y venidas a esta entrañable cueva han sido inolvidables… la primera fue sobrecogedora: 20 horas de actividad y exploración de la sala ALCO… aun recuerdo como se me encogió el corazón al encontrarla, cuando salí de la gatera castigada por el aullante aire, nunca antes había encontrado una sala de semejante dimensiones. Y sin olvidar la conexión al sistema, dura, muy dura, pero sumamente enriquecedora, en fin, una cavidad guerrera, muy exigente físicamente pero al final acaba siendo agradecida con aquellos que la pelean.


Es el primer día de la campaña y se nos plantea a Gorka y a mí una potente actividad, desinstalar parte de los pozos de la La Torca del Río Perdido (CA32) y revisar una  ventana de importantes dimensiones en el espectacular Pozo de la Flamenca, un pozo de 100 metros. Cogemos el equipo y montamos en la furgoneta rumbo al collado de la espina.




Iniciamos la marcha bajo un sol que cae a plomo sobre nosotros y seca el terreno. Tres cuartos de hora de caminata y llegamos a la boca, tomamos un respiro en una reconfortante sombra y nos equipamos. En mi cabeza trato de imaginar cómo será la amplitud del pozo y que dificultad  acarreará el péndulo,  algo que me inquieta positivamente “La prima vez que descendí por el pozo de la Flamenca era un novato, aquello me sobrecogió por  sus dimensiones, ahora,  cinco años después iba a pendulear por el  mismo.” 





Son las 10:15, primero entro yo, por detrás, mi compañero de fatigas, Gorka. Descendemos una vertical, ascendemos diez metros por la cuerda, pasamanos, un péndulo bajo una buena acumulación de agua, un serpenteante meandro, el famoso “Paso del Cortafrío”, arenilla en los ojos, y más caprichoso meandro por el que tenemos que variar la altura de progresión, saca ladeada a la espalda, luego colgada, ahora se queda empotrada, tiro de ella, sigo, ahora a la mano…  y por fin tras superar el tedioso meandro llegamos a la cabecera del pozo de la Flamenca.




Gorka revisa sin éxito positivo la continuación horizontal del meandro, mientras tanto yo, ya me encuentro cien metros por debajo desinstalando un pasamanos y anudando cuerda. Me encuentro en la base del pozo bajo un leve goteo e incesante de agua, perplejo, me doy cuenta de que hay bastante más material del que teníamos previsto, contando toda la instalación por encima nuestra y lo que dispongo a mis pies  para iniciar la subida hay aproximadamente 300 metros de cuerda empapada y diez mosquetones y chapas. Prefiero no pensar en el porteo, e inicio la ascensión hasta el fraccionamiento cincuenta metros por encima de mí.
Cabecera "Pozo de la Flamenca"
Pozo de la Flamenca
Base "Pozo de la Flamenca"
Me encuentro en el fraccionamiento a Gorka, esperando para portear el material, de inmediato se lo doy, ahora y solo ahora empieza el juego, me des aflojo el arnés de pecho, me recoloco las perneras, exhalo el aire de mis pulmones, doble clic en la luz de mi frontal en posición de máxima potencia. Y ante mí, formas tímidas entre  oscuras tinieblas cobran vida, paredes pulidas por el incesante y paciente paso del agua, caliza concrecionada rompiendo la monótona verticalidad del pozo y sobre mi testa, una gran ventana triangular abre sus fauces invitándome a entrar a lo desconocido.

“Miro arriba, abajo, laterales, otra vez arriba, vale, ya entiendo la estructura del pozo, es momento de actuar, ascenderé hasta tocar una de las paredes del pozo y desde ahí le atacaré acercándome desde arriba, descendiendo hacia la ventana, espera, ese giro del meandro me va escupir otra vez al voladizo del pozo, tengo que encontrar otra forma, no, aquello otro se aleja demasiado de la vertical de la ventana, no,  espera, y allí,  aquello, tal vez… huum, vale si, parece concrecionado pero escarbaré hasta encontrar caliza donde taladrar, ¡ya lo tengo!”

Desde el fraccionamiento dejo correr tres metros de cuerda por mi descendedor, pataleo la roca y me impuso lateralmente hacia atrás hasta pinzar con las piernas un saliente resbaladizo, acerco mi pecho suavemente a la pared, estiro mi mano derecha a una presa, la pierna izquierda se escurre pero parece que aguanta pegada a la pared el tiempo necesario, me estremezco al escurrirme, pero en el último momento me agarro con fuerza a una buena presa, muevo los pies, me siento más seguro, estiro las piernas, alargo las puntas de los pies y acaricio la pared opuesta en un caprichoso giro de meandro. Es el momento de instalar, sin movimientos bruscos, machaco la roca concrecionada en busca del sonido adecuado, encuentro la nota adecuada, perforo la caliza urgoniana y atornillo la chapa, me anclo y libero  de tensiones mi cuerpo.

Ya he colocado cinco anclajes más, descendiendo todo lo que puedo hacia la derecha, estoy a pocos metros de la repisa, un penduleo me separa de la victoria. Es la  misma operación anterior pero la roca es más exigente, apenas puedo acercarme, consigo agarrarme a duras penas con un dedo a un tímido guijarro, lo consigo, mi brazo derecho se congestiona mientras busco desesperadamente colocar los pies, y así poder liberar mi brazo sin que la roca me escupa, imposible usar los pies, aumenta mi ritmo cardiaco, pinzo con más fuerza la pequeña formación, mi última esperanza, lanzo aire un sollozo de rabia. Con la mano izquierda desenfundo el  taladro, lo pongo entre mis rodillas bien apretadas, ahora busco la broca, peleo y desespero al colocar la broca con una sola mano en el taladro, mantengo la calma, lo consigo, sondeo la roca, perforo la vacilante roca, me descuelgo la máquina. Ahora me dispongo a colocar el MontyMonty, una vuelta, dos, tres, humm, ya casi lo tengo, gotas de sudor me nublan la vista pero ya casi lo tengo, de repente, mis pensamientos enmudecen. Siento el aire correr por mi espalda, observo atónito, impotente, con cara de póker, como me deslizo bruscamente por la pared, mi vista busca un roce, lo encuentra, sigo en movimiento, nada puedo hacer.

 -¡Clac!- un golpe brusco con la roca arranca mi mirada de la cuerda, y la devuelve a mis nudillos.

-¡Joder, cago en dios! ¡Haaa!- la rabia me invade, sangre, sangre y un punzante dolor en mi mano, vuelvo en sí, rabia, siento rabia, ya casi lo tenía. -¡Joder!

Los ecos en el pozo se apaciguan, dejo de lamentarme, frunzo el ceño, y la vesanía me invade y ataco de nuevo la inexorable ventana. Con decisión, con ira, vuelvo sobre mis paso, tres vueltas más al tornillo y me anclo, pero no lo celebro, necesito llegar a lo alto de la repisa.

Llego a la repisa, dejo correr ocho metros de cuerda por mi descendedor, me hecho al suelo y subo la resbaladiza rampa a cuatro patas clavando  las rodillas y las punteras de los pies, y por fin llego a lo alto. Corto tres metros de cuerda y la anudo a una gran columna, me aseguro. Un largo suspiro acaricia mi garganta, lo he conseguido, pero no me congratulo, una inquietud me nubla los pensamientos, necesito saber que secretos guarda con recelo el pozo de la Flamenca, necesito cuerda, otro obstáculo se interpone otra vez en mi camino, pero esta vez es solo una pronunciada rampa, tan pronto como me percato de ella llamo a gritos a Gorka, que acude a mi llamada.

Bajamos la rampa, encontramos una galería meandrica de techos altos de cuatro metros de anchura, avanzamos por ella, se estrecha sin volverse incomoda y de nuevo otro obstáculo, una colada que viene de lo alto, <<¡Joder, no hay nada fácil en este pozo!>> grito a mi interior.

Sin mucho cavilar decidimos escalar la vertical, comemos unas barritas, y armado con estribos me dispongo a subir la resbaladiza colada. Uno, dos, tres, cuatro, y cinco anclajes, un golpe en la rodilla, una cabecera y me encuentro doce metros por encima de Gorka, hecho un simple vistazo, no me cabe duda. –¡Gorka! sube mi bolsita de topo aquí hay tomate- dije jadeante entre sudores.

Topografiamos ochenta metros de  seseantes meandros, que vuelven caprichosamente al punto de partida, siempre buscando la cercanía del pozo, pero nada más allá de eso, descartamos seguir escalando, y topografiamos de camino al Pozo de la Flameca. Desechamos el objetito que perturbaba mi mente en todo momento desde que entre la CA-320, encontrar el raro nivel fósil intermedio, que debía de andar muy cerca, lástima, pero sinceramente contaba  más con esta posibilidad.

Aquí no acaba todo, aun queda mucho que hacer, me adelanto en la ascensión y Gorka queda atrás desinstalando, porteo las tres enormes sacas con material por el estrecho y vacilante meandro, que arranca insultos y maldiciones de mi boca.

 Decimos adiós al Pozo de la Flamenca, como se merece, con mirada de respeto, con gratitud por brindarnos tantas gratificantes exploraciones, 150 metros por debajo, en las entrañas de esa monumental bestia milenaria  de caliza, La Torca del Río Perdido (CA32), que ha calado profundamente en el afán explorador de los espeleólogos que han tenido la oportunidad de conocerla. “¡Ha sido un puto honor! Siempre te recordaré como una guerrera, como la más dura, con respeto y cariño “



























 Seguimos subiendo, dejo atrás a Gorka nuevamente, que sigue desinstalando. Alcanzo la boca, exhausto por la frenética ascensión compruebo que va a ser una actividad exigente hasta el final, llueve y una niebla espesa azota los valles pasiegos, no hay mejor final, mejor sabor de boca, no esperaba menos de la Torca del Río Perdido.

Son las 0:20, los arboles bailan con el viento y cantan tétricas canciones batiendo su ramas, el viento acaricia las afiladas rocas del monstruoso lapiaz  adyacente, entonado una diabólica melodía y la noche más cerrada, más oscura se cierne sobre mí.

De repente, una luz, una majestuosa luz interrumpe en la siniestra oscuridad. De la boca de la La Torca del Río Perdido (CA32) un destello de cálida luz se difumina en la espesa niebla, esbozando una apocalíptica visión, como si el infierno emergiera de las entrañas de la tierra, un macabro espectáculo que me eriza la piel.
Ya estamos fuera, es momento de regresar con nuestros compañeros, que aguardan nuestra llegada. Es cuesta abajo pero los 300 metros de cuerda mojada y material pesan y ralentizan nuestra marcha, pero no importa, el final está próximo.

Una hora de caminata y un cuarto de hora en coche, y estamos en el albergue de Jordi, bajo un cálido techo, llenos de rebosante júbilo que nos embriaga, que nos domina. Ciento treinta metros de topo, un indómito pasamanos descendente, una escalada entre escurridizas coladas, una excepcional compañía, la desinstalación de la mítica Torca y unos nudillos machacados cierran el capítulo final de una exultante y gratificante experiencia, 

La Torca del Río Perdido (CA32), guerrera hasta el final.

     

5 comentarios:

  1. Bueno!! Muy bueno el relato... pero sólo una aclaración: Coves, dices en el relato: "... rebosante júbilo que nos embriaga,..." , creo que te confundes,... lo que os embriagaba eran las birras que os habíais tomado nada más llegar al Albergue,... ;-)

    David.

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  2. Muy bueno el Relato, gracias!!!

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  3. Gracias a vosotros por vuestros comentarios :-)

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