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Este blog esta dedicado a esos exploradores incansables que hacen de su deporte preferido una religión.

En su mayoría son escritos en primera persona contando su experiencia y sensaciones en la exploración de esta torca y principalmente las cavidades relacionadas con el Sistema Alto del Tejuelo.

Espero que disfrutéis de estas lecturas.

lunes, 3 de febrero de 2014

Porque me gustan las cuevas


Me gustan las cuevas y por ende la espeleología que es la ciencia cuyo objeto es la exploración y estudio de las cavidades subterráneas.



Llevo un tiempo reflexionando sobre esta cuestión que se planteó en las redes sociales. Creo que para ir desgranando los por qués a esta pregunta me circunscribiré a la actividad que se va a desarrollar dentro de unos días en el Sistema Alto del Tejuelo.

Me gusta la aproximación a la boca de entrada.

Siempre me han gustado los paisajes que solemos encontrar cuando caminas en busca de la entrada. La aproximación en este caso teóricamente es un cómodo paseo de 1 hora, y digo teóricamente porque en condiciones atmosféricas adversas (lluvia, niebla, vendavales …) y de noche, la caminata puede resultar algo más “divertida”.


Me gusta la preparación antes de entrar.

Una vez en la boca de entrada se inicia una rutina de preliminares para adentrarnos en la gruta. Se palpa nerviosismo en el aire pero al mismo tiempo, compañerismo porque, por fortuna, se trata de un deporte-ciencia en el que los compañeros son muy importantes.




Me gusta el descenso.

Es impresionante ver cómo el agua ha ido moldeando la roca en forma de meandro muy vertical por el cual nos vamos descolgando. Sólo pensar la cantidad de caudal que ha sido necesario para poder erosionar la roca me pone los pelos de punta o como dirían otros “como escarpias”.



 Me gusta la llegada a la base de los pozos.

En el fondo siempre siento un ligero alivio por llegar a poner los pies en tierra firme. Tengo el sentimiento de que los peligros de estar colgado de una cuerda ya han pasado.

Me gustan las grandes salas.

Cuando desciendes el último pozo sales por el techo de una gran sala. El espectáculo es impresionante sobre todo si tienes referencias de compañeros que estén caminando por ella.





Me gusta desenvolverme por el recorrido que nos lleva hasta el vivac.

Esto es lo que verdaderamente más me apasiona ya que cuando me desplazo por las salas, galerías, gateras, etc. me encuentro en mi ambiente. El esfuerzo y la adrenalina de algunos pasos me hacen sentirme bien.

Me gusta compartir estos momentos con otras personas.

En ocasiones cuando llegamos al vivac ya están allí algunos de nuestros compañeros. El sentimiento de amistad y compañerismo en estas profundidades hace que me encuentre eufórico. Intercambiar información de lo acontecido durante su estancia o nuestra aproximación y descenso o cualquier otro hecho sucedido, te hace ver que no estás solo en este lugar tan inhóspito.


Me gusta dormir en las cuevas.

Antes de apagar la luz cuando estás en el saco de dormir y miras hacia el techo ves las formas que ha dibujado el agua en las rocas. Esto me relaja al igual que el sonido del goteo distante. Lo que menos, como es lógico, el ronquido de alguno que duerme tan profundamente que pareciera se va a tragar la cueva.


Me gusta despertarme temprano e iniciar los preparativos.

Lenta y parsimoniosamente nos desperezamos e iniciamos la rutina de la preparación de la exploración para el día. Sobre los planos vamos distribuyendo el trabajo de los equipos.


Me gusta topografiar.

No me importa dibujar, aunque sé que no soy bueno. No me importa pintar los puntos de topografía o “cantar” los números de los aparatos que usamos para ello. Lo mejor, por supuesto, es el resultado que nos muestran estos datos, dibujos que reflejarán para la posteridad los lugares que hemos explorado.

Me gusta encontrar vida en las profundidades.

Cuando me topo con algún “animal” distinto a nosotros en lugares tan recónditos por los que pasamos me quedo estupefacto. Pensar que allí comen, se reproducen y mueren me fascina. También me gusta encontrarme con nuestros amigos inseparables, los murciélagos. Me da pena ver que muchos de ellos mueren en el interior debido a lo intrincado de estos laberintos.



Me gusta explorar.

Qué decir cuando tras un paso encuentras un lugar donde sabes que ningún ser humano ha estado. Esto no puede dejar indiferente a nadie. En las ocasiones que he caminado por estos sitios he observado que el corazón acelera y todos los sentidos se reactivan poniendo mayor atención por los lugares que pisas. En definitiva es algo muy emocionante.

Me gusta encontrar ríos.

El encontrarme con nuevos cuaces de agua es algo que nos emociona realmente a todos puesto que a través de ellos se abren nuevas posibilidades tanto de exploración como de conexión con otros lugares más lejanos.

Me gusta regresar al vivac.

Llegar al lugar de descanso cansado me satisface pues significa que me he esforzado por vivir lo más intensamente posible la experiencia de desenvolverme por estos parajes.

Me gusta salir.

Porque después de muchas, muchas horas, cuando te encuentras en el exterior te sientes…. bien.

Me gusta porque gracias a ellas encontré a la persona con la que comparto mi vida.

Compartir esta pasión con la mujer que vives no tiene comparación.



Por todo lo expuesto anteriormente llego a una conclusión definitiva.

¡ ME GUSTAN LAS CUEVAS !

9 comentarios:

  1. A mi también me justa lo que a ti te gusta.

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  2. Eso q dices mola mucho, muy bien descrito ese sentimiento que compartimos muchos, aunque algunos aun estemos empezando a sentirlo. Espero que se os de muy bien la campaña, tengais muchos buenos momentos, muuuuuchos metros de desarrollo, que pincheis con el copón santo y que nos veamos para compartirlo con una buena jarra de cerveza. Un abrazo

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  3. Jejeje gracias Arturo, nos vemos por las cuevas ;-)

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  4. Yo llevo ya casi treinta años en esto de las cuevas y soy incapaz de explicar el por qué de la atracción fatal que la espeleo ejerce sobre mi.
    Me llevaron un día al sumidero de Ramblazo (en Málaga)y desde entonces no he podido dejarlo, a pesar de que los años ya me están pasando factura.
    He conocido a muchísimos que han hecho un cursillo de iniciación y la mayoría (por no decir prácticamente todos) lo han dejado nada más terminar el cursillo.
    Yo es que no puedo. De hecho, hasta me he comprado una casa en Cantabria, en el corazón de la zona cueveril, para seguir con el tema. Y eso que desde Madrid hay casi cinco horas en coche.

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  5. Hummmm, me parece que josema1962 y yo seguimos vidas paralelas ;-)

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  6. Pues sólo te conozco de lo que he leído por Internet, pero creo que si, que seguimos vidas paralelas. Salvando las distancias, claro, porque tu sabes mucho más que yo de espeleo y seguro que has hecho más y mejor espeleo.
    Yo sólo soy aficionado. Jamás hice ningún cursillo. Y exploración he hecho muy poca. Prácticamente vamos a cuevas ya conocidas y topografiadas. No hago más de siete u ocho cuevas al año. Y de dificultad no excesivamente grande, por ejemplo, este año tenemos previstas tres de ellas en Cantabria: Vallina-Nospotentra, Azpilicueta-Reñada y LLueva, que la haremos este mes que viene. Como ves, nada del otro mundo. Y de exploración, una que he encontrado justo al lado de mi casa, o sea, poca cosa. Con eso me conformo.

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  7. No importa el nivel de lo hecho sino lo que disfrutas con lo que haces :-)

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