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Este blog esta dedicado a esos exploradores incansables que hacen de su deporte preferido una religión.

En su mayoría son escritos en primera persona contando su experiencia y sensaciones en la exploración de esta torca y principalmente las cavidades relacionadas con el Sistema Alto del Tejuelo.

Espero que disfrutéis de estas lecturas.

jueves, 24 de enero de 2013

En los abismos donde moran los Dioses de las profundidades


Ya queda menos para regresar a las cuevas de Cantabria.

En esta ocasión tengo un poco de miedo, o quizá respeto, porque he descubierto esta leyenda depositada en lo más profundo de mi masa encefálica, que perturba mi  sueño y me transporta a lugares que aun no consigo vislumbrar.



"En los abismos de Calseca moran los dioses de las profundidades.




Antaño habitaron cuevas menores pero los espeleólogos en sus constantes descensos, los expulsaron a los lugares más recónditos del planeta y, según cuenta la leyenda, se llevaron consigo toda señal salvo una: el llamado "Ojo oscuro". 





No somos demasiado conscientes de su paradero pero al parecer, todos los datos apuntan a que en la actualidad, se encuentran en el desconocido Soulzah, valle en el que no existen sendas humanas. Y como quieren mantenerse en el olvido, con el tiempo se convirtieron en Dioses cada vez más severos y crueles dificultando el acceso a las entradas de la tierra o llegando incluso a perturbar la retirada.








No cabe duda, pues es de antaño conocido, que el ser humano siempre ha ido más allá en su afán de conocimiento, sin embargo, hay ocasiones en las que la ignorancia juega un papel transcendental al permitir que los hombres desconozcan la existencia de ese misterioso valle y evitar de esta forma arrebatar los secretos de dichos Dioses.





A veces, cuando los dioses sienten nostalgia, visitan los abismos en los que antes moraron, y lloran en silencio. Los espeleólogos han sentido sus lágrimas en las simas aunque han creído que era lluvia, y han oído sus suspiros en los quejumbrosos vientos de las oquedades silbantes del valle. Suelen viajar en naves de brumas, y los espeleólogos más experimentados conocen leyendas que les mantienen apartados de ciertas cuevas cuando las nieblas surcan los lapiaces, porque ya no son indulgentes como antaño.




En Ajanedo, pequeña aldea situada sobre el Río Miera, vivió antiguamente un anciano deseoso de contemplar los dioses de las profundidades. Era hombre que conocía a fondo los siete libros crípticos de los abismos y estaba familiarizado con los manuscritos del descenso a las simas. Se llamaba Cipriano "El Intrépido", y los aldeanos contaban que bajó a una sima una noche que hubo un extraño eclipse.




Cipriano sabía tanto de los Dioses, que podía explicar sus idas y venidas, y adivinó tantos secretos que se creyó un semidios. Y, en ese deseo de ir más allá, amparándose en el amplio conocimiento de los mismos, sintió la necesidad de comunicarse con ellos por lo que decidió descender a la Torca de Soulzah una noche que sabía que los Dioses se encontrarían presentes.





Los preparativos fueron largos y meticulosos. Su mirada clavada en la nada, fija en la oscuridad. Sus pensamientos ambiciosos, secretos, extraños. Cuando algún ser humano trataba de entablar conversación con él los despreciaba e ignoraba. Se diría que maquinaba algo.




Paralelamente, en el ambiente se palpaba un mal presagio. . Las brumas frías y heladoras surcaban los valles. Las tormentas eran constantes. El vello se  erizaba, el aliento se perdía entre las nieblas. Se diría que los Dioses estaban inquietos.


Cipriano conocía todas las sendas y caminos que serpenteaban las montañas y a donde conducían. Desde la distancia los paisanos veían como se movía en la penumbra alumbrado por la luz del carburo que destacaba entre las sombras que lo envolvían. Asentían con la cabeza y se hacían cruces. El miedo los aterrorizaba.


En el camino de ascenso en busca del valle, Cipriano se hizo con una vara de avellano, símbolo del Dios de la esperanza, para ayudarse en su pesado caminar. Estuvo todo el día marchando hasta que alcanzo la cima de un pequeño montículo donde dos grandes piedras hacían guardia.





La tormenta arreció y los chubascos eran cada vez más intensos.




Este era el principio del valle y el final de todo contacto con lo conocido. Ya no se podía ver su luz desde ningún lugar. Y Desapareció en la espesa vegetación que le envolvía.

A partir de estos instantes Cipriano dejó de ser quién era para convertirse en una leyenda. Leyenda que contarían durante lustros los más viejos del lugar advirtiendo de lo peligroso que era adentrarse en aquellos recónditos parajes para querer enfrentarse a los Dioses que moran las profundidades.



La leyenda decía que tras varios años de la desaparición de Cipriano se encontró a un viejo que salió de una de las cuevas cercanas a la base de los acantilados de Ajanedo. El anciano vestía con un mono andrajoso lleno de jirones. Su mirada perdida en la nada, barba descuidada, pelo sucio y falta de dientes le daban un aspecto de un ser desequilibrado al que la vida le había tratado con dureza. Se sentó y con voz ronca  comenzó a balbucear y decir cosas extrañas e ininteligibles. De su boca salía una cascada de frases incoherentes que nadie entendía. El párroco del pueblo lo calmó sujetándolo del brazo y lo llevó a su parroquia seguido de una muchedumbre inquieta con ganas de saber quien era aquel personaje."


Nosotros realizamos esta ofrenda a los Dioses para mantenerlos contentos.




Y esto es todo por el momento.

Espero que en esta salida no me encuentre nada raro que me perturbe todavía más de lo que estoy ;-) 

2 comentarios:

  1. Es ahora un buen momento para bajar a los abismos, pues Hades estará contento junto a Perséfone, su esposa. Suerte en vuestras exploraciones.

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  2. Sabias que Los Cíclopes fabricaron un casco a Hades que lo volvía invisible y que solía prestar a otras divinidades. Pues bien, pienso buscarlo y arrebatarselo. ¿crees que se enfadara? ;-)

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