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Este blog esta dedicado a esos exploradores incansables que hacen de su deporte preferido una religión.

En su mayoría son escritos en primera persona contando su experiencia y sensaciones en la exploración de esta torca y principalmente las cavidades relacionadas con el Sistema Alto del Tejuelo.

Espero que disfrutéis de estas lecturas.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Historia y primeras exploraciones




Esta sima fue descubierta por el grupo francés Dijon Espeleo en una de las campañas de exploración en la zona que tuvieron asignada durante varios años en Calseca-Ruesga, hasta que en 1998 abandonaron la exploración en Cantabria. Por entonces nosotros ya estábamos en la torca de Bernallán y nos ofrecieron el hacernos cargo de su zona, a lo que accedimos ilusionados porque ampliaba nuestras expectativas espeleológicas. En el traspaso de zona, nos facilitaron información sobre diferentes cuevas y simas que ellos habían explorado y marcado. En la descripción de la Ca-32 se puede leer, "pozo  de 30 m".
 
Durante las primeras pateadas por el valle de Bordillas, en las que buscábamos simas que nos permitiesen alcanzar desde el exterior la cabecera del rió del "Año del Perro" de Bernallán, Mercedes y Miguel Ángel localizaron su entrada, por la que salía un aire tan frío que hacia suponer que allí abajo había una cavidad con gran desarrollo de pozos y galerías.

 

    En el primer descenso a la Ca-32, otoño de 2000, Adolfo y Miguel Ángel bajaron un pozo de 40 m., comprobando al llegar a su base que no había continuación. Antes de iniciar la subida, tiraron unas piedras por una ventana que se encontraba a unos 8 m. sobre sus cabezas. En contra de lo que esperaban, el sonido de la piedra que escucharon no fue de rebote contra las paredes de caliza, sino un "chof" de agua. Parecía ser que al otro lado había una acumulación agua y por el sonido que escucharon de las piedras contra la superficie, el charco debería de estar bastante profundo

    Al año siguiente y con la intención de escalar la pared donde se encuentra la ventana, descienden Dirk y Adolfo. Después de emplear muchas horas haciendo la instalación de un pasamanos sobre unas coladas de barro con anclajes de muy dudosa seguridad, consiguen llegar a la ventana, donde se abre un nuevo pozo que descienden y que dio un desarrollo de 11 m. En la base se encontraron con un charco de unos centímetros de profundidad donde caían las piedras.
 Al final esta acumulación de agua no se encontraba tan profunda como se pensó en su momento y debió ser la morfología las paredes del pozo las que distorsionaron el sonido, haciendo creer que el agua estaba a mayor profundidad. Tras la decepción de avanzar solo 11 metros después del trabajo realizado y del riesgo asumido al asegurarse al pasamanos, observaron que había una posible continuación algo estrecha que por falta de tiempo dejaron para una ocasión mejor. Al salir desinstalaron la cuerda del pasamanos  y dejaron para posteriores incursiones una cuerda desde la ventana a la base del pozo de 40 m. que salvaba la trepada. 

   


  Ese mismo año baja un equipo formado por Josechu, Dirk, Adolfo y Miguel Ángel. En esta ocasión topografían la sima hasta el pozo de 11 m. y exploran la estrechez que había quedado pendiente, resulta ser un pequeño meandro que se termina muy pronto. Tras esta nueva decepción, el equipo decide regresar y desinstalar la sima, pero la curiosidad, compañera de todo explorador con instinto, hizo que uno de los componentes se decidiese a ver que había en una ventana colgada a 5 metros, para lo que trepó hasta alcanzarla, encontrando un meandro por el que se podía pasar y progresar fácilmente. Este es su relato personal:





    "Tras una trepada relativamente fácil y asegurado con la cuerda del pozo que hemos descendido, llego a un meandro por el que podía caminar con comodidad. Me decido a continuar unos metros para ver si merecía la pena explorarlo. Según avanzo oigo cada vez más fuerte un sonido parecido al que produce el agua al circular por el lecho de un río. Entusiasmado, en lugar de comprobar que el ruido que escucho realmente esta producido por una corriente de agua, regreso a donde estaban los demás esperándome y le digo..."he escuchado una cascada de un rió con abundante agua". Nos embarga la impaciencia del descubrimiento y subimos todos en tropel al meandro y comenzamos a topografiarlo y al llegar al final ... el cachondeo, lo que me pareció un gran río con una cascada y un caudal abundante, resulto ser un maldito agujero soplador que producía el sonido que yo escuche al circular por él de forma intermitente, una fuerte corriente de aire forzada por su estrechez. Desilusionados ante la imposibilidad de franquear el obstáculo, nos pareció que seria imposible abrir aquel agujero  y nos fuimos de aquel lugar con el "rabo entre las piernas"".
La desilusión fue tan grande que influyo en la decisión que tomo el quipo de desinstalar la cuerda de la escalada, clave para continuar en un futuro explorando esta sima sin mayor esfuerzo.
    Conseguida en julio de 2006 la conexión de Bernallan con los Moros, retomamos la exploración de la Ca-32 con la misma ilusión del primer día, poder llegar desde el exterior a la cabecera del rió del "Año del Perro" en Bernallan.
    Han pasado cinco años desde la última incursión a esta torca, pero la esperanza y la voluntad de ver lo que hay más allá del  agujero soplador, unido a la mejora de los utensilios de desobstrucción que poseemos hoy, nos mueve a intentarlo otra vez.
    La primera visita la hace el equipo formado por Antonio y Adolfo con el propósito de franquear el pequeño agujero por el que sopla el viento, pero se encuentran que la instalación del pasamanos, a pesar de tener sus spits, es de lo más precario y comprometido. En esta ocasión no se asumen los riesgos de la vez anteriores y se emplea todo el día en realizar una nueva instalación más segura para alcanzar la ventana donde se encuentra la cabecera del pozo de 11 m. 
    Al día siguiente los mismos exploradores consiguen llegar al agujero soplador y comienzan las labores de desobstrucción. Ese día consiguen agrandar el agujero lo suficiente como para ver que al otro lado continuaba el meandro. La fuerza, la temperatura y el caudal de aire que pasaba ese día por el agujero era tan grande que ambos espeleólogos tuvieron que trabajar ateridos de frió. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos no consiguieron franquear el estrechamiento.
    Unos meses después, concretamente el 20 de enero del 2007, un equipo más numeroso formado por Antonio, Adolfo, Lolo, Lobato y Miguel Ángel, retoman las labores de desobstrucción. A los artilugios para poder abrir el agujero se añaden un martillo pesado y un "cortafrío". 
    Una vez superadas las dificultades de las cuerdas que quedaron instaladas de la vez anterior,  encuentran en esta ocasión, que el agujero soplador exhalaba solo una ligera brisa, lo que les permitió trabajar sin padecer el frío sufrido la última vez. Después de varias horas de arduo trabajo consiguieron abrir el agujero lo suficiente para que se deslizara un hombre por él, desde ese instante esta estrechez en el meandro se llama "Paso del Cortafrío".


Los cinco pasaron al otro lado, y avanzaron sin dificultad pues el meandro mantenía sus dimensiones durante 30 metros, a partir de los cuales empezó a desfondarse hasta convertirse en un pozo de... por el momento la cuerda de 50 m que disponían no llegó al fondo, y además, este tampoco se vislumbraba, por lo que entre unas cosas y otras, calculamos que tendría una profundidad comprendida entre unos 80 a 200 metros, cifras estas para no pillarnos los dedos...


1 comentario:

  1. Pues está muy bien leer la historia de la exploración así. Parece que está un ahí dentro de la cueva.

    Lo del paso del cortafríos es lo típico, un currando y los demás mirando :)

    elpasochungo@blogspot.com

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